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Entrevista The FunamViolistas

“Cuando uno tiene el pálpito dentro de ‘esto quiero hacerlo’ y asume la responsabilidad, tiene que luchar para conseguirlo hasta el final”

“Para contar la historia de nuestro desempleo, nuestro lenguaje sonoro es la música y el visual es el teatral”

“Cuando te despiden la sensación no es agradable, ni positiva, ni uno se siente bien con uno mismo, pero pasa el tiempo y hemos conseguido convencer a la gente con nuestro ejemplo”

“El problema de la violencia de género contra la mujer sigue sin estar equilibrado, por tanto hay que seguir luchando”

“The Funambulistas no habla de mujeres, habla de todo lo que le puede ocurrir a cualquier ser humano a través de tres mujeres en el escenario”

“La sonoridad de violín, viola y contrabajo fue un desafío totalmente kamikaze. Mi suegra, que es arreglista, me decía que faltaba una cuarta voz, que sólo éramos tres y yo le decía: Che, bueeeeeno, faltará una voz pero hay que vivir con ello…”

El trío femenino que triunfó las Navidades pasadas en Matadero Madrid –agotó todas las entradas- ofrece funciones de fin de semana hasta el próximo 8 de enero en los Teatros Luchana de Madrid. Una función para todos los públicos, niños, menos niños, jóvenes y adultos que disfrutarán de un espectáculo único en el mundo. Fusiona el sonido del violín, viola y contrabajo con la danza, canto, humor y teatro gestual para contar la superación de un despido laboral. Piezas de Antonio Vivaldi, Edvard Grieg, Jules Massenet, Georges Bizet, Astor Piazzolla y Rita Pavone se mezclan con la de bandas sonoras como ‘Deseando Amar’ o ‘Les Triplettes de Belleville’ y temas clásicos del jazz y el tango argentino.

Quedamos en el Café de los Teatros Luchana, a las 6 de la tarde. A las 5.30 aparecemos Mayte Olmedilla, Lila Horovitz y yo en la puerta un viernes bastante frío y lluvioso intentando acceder a las puertas del teatro que están cerradas. “Es que nos gusta llegar pronto”, me comentan. “Hoy no hemos parado: esta mañana hemos grabado con Cadena Ser en un 600, luego más entrevistas y ¡madre mía!, qué suerte que hayas llegado antes porque así podemos descansar un poco antes de empezar la función”.

Tampoco hace falta explicar que soy muy puntual, que me encanta su espectáculo que vi el día del estreno, que me gusta mucho el teatro y todavía más el cine. La química surge desde el principio y nos quedamos en el café del teatro como amigas de toda la vida hablando de todo y de nada, de la vida misma, con una energía contagiosa que cuando llega desde Jaén Sarai Pintado -la tercera que completa el trío de ‘The FunamViolistas’- casi hemos terminado.

Tres mujeres únicas, luchadoras, con una formación inaudita, rebeldes, distintas, que no se rinden, que sonríen a la vida con “la música, la danza, sus cuerpos y la risa”, elementos que consideran “universales para superar casi cualquier problema”.

CARMEN VILA (CV): La primera representación fue en 2013, hace ya tres años. Habéis ganado el Premio Talent Madrid 2013 al Mejor Espectáculo Musical; Premio Mejor Espectáculo de sala de la 16º Feria de C y León; Premio Revelación en los III Premios de Teatro Andaluz 2015; Premio MAX Mejor Espectáculo Revelación 2014…Estáis nominadas a otros premios muy importantes a nivel internacional ¿Qué habéis hecho tan bien?

Mayte Olmedillo (MO): Lo que hemos hecho bien es, como siempre, tener un ojo muy abierto; tener la capacidad de hacer autocrítica de cualquier cosa, desde lo más pequeño hacia lo más grande y sin abandonar nunca la idea de superación y de seguir trabajando. Al fin y al cabo, de no acomodarnos. Es algo que va con nosotras y nos sale de forma natural, que a veces nos pasamos un poco, porque hemos llegado a situaciones estresantes pero que nos ha mantenido en este nivel.

Lila Horovitz (LH): Es un espectáculo novedoso. Aún en Buenos Aires la gente se sorprende y en el lugar donde existía Les Luthiers no haya una escuela de mujeres que hubieran representado ya algo así. El integrar la música con la dramaturgia, sin palabras y con un concepto muy visual es lo original. Para contar la historia de nuestro desempleo, nuestro lenguaje sonoro es la música y el visual es el teatral.

¿Cómo surgió la historia? Porque es autobiográfica… Contadme. ¿Por qué os decidisteis a juntaros, rebelaros, al fin y al cabo? Sois un ejemplo a seguir por muchas mujeres que han pasado la misma situación…

MO: Coincidimos las tres en Madrid de manera intermitente: Ana Hernández (que ahora sustituye Sarai Pintado), Lila Horovitz y yo. Ana y yo trabajábamos en La 2. Ana con Lila tenían un cuarteto de tango. A Ana un día la llaman para crear una obra. Yo estaba en Austria terminando mis estudios de viola y juntas pensamos en Lila porque esta propuesta era para crear la versión femenina de un grupo de hombres que ya venía funcionando muy bien. Nos pareció que copiar no era la fórmula, entonces empezamos a proponer otras opciones. Queríamos romper con otros instrumentos: violín, viola y contrabajo. Todo fue fatal, la cosa se torció, nos acabaron despidiendo de esa compañía a las tres, pero montaron un espectáculo y contrataron en un casting a otras tres chicas que eran idénticas a nosotras físicamente, que suplantaban nuestra personalidad.

LH: Lo que habíamos hecho lo hicimos desde la experiencia personal de cada una entonces no solo nos despidieron, sino que el guión lo creamos nosotras, con cosas muy personales.

Os la jugaron…

MO: Fue el primer batacazo que nos dimos aunque en el fondo fue una gran enseñanza, hasta tal punto que ahora estamos dando cursos de coaching hablando de esto: cómo, de repente, uno entra en un proceso sin saber cómo funciona ese mundo. No obstante, fue la llave que nos hizo quedarnos solas. Pero yo conocía ya a Rafael Ruiz de la RESAD–director de The FunamViolistas– y nos empujó a seguir adelante.

LH: Ya habíamos vivido la experiencia de mezclar el teatro y la música, y cada una teníamos que volver a empezar de nuevo desde su ciudad… Y a la vida de músico… Rafael fue el que dijo que no lo podíamos abandonar. También a nosotras ya nos había picado el gusanillo de hacer esto.

Sois por tanto un ejemplo real de mujeres a seguir… Mujeres sensibles, con las cosas claras, rebeldes, luchadoras…

MO: Sí, sin duda, sobre todo ahora que ha pasado el tiempo y se ve todo con otra perspectiva, porque la verdad es que cuando te despiden la sensación no es agradable, ni positiva, ni uno se siente bien con uno mismo, pero pasa el tiempo y hemos conseguido convencer a la gente con nuestro ejemplo. Que tenemos que creer en nosotros mismos y que tenemos que apostar, que no queda otra. Mucha gente a nuestro alrededor dudó de que lo nuestro fuera a triunfar y nos intentó hacer dudar a nosotras. Pero cuando uno tiene el pálpito dentro de “esto quiero hacerlo” y asume la responsabilidad, tiene que luchar para conseguirlo hasta el final.

¿Cómo veis a la mujer en el mundo laboral en el siglo XXI? En España, Argentina… ¿Continúa habiendo discriminación frente a los hombres por el mero hecho de ser mujer?

LH: La mujer está en un lugar de máxima exigencia. Ha entrado en otros carriles que antes no estaba, por tanto está sobreexigida, más la exigencia de la imagen. Parece que te lo quieren cobrar: ahora que puedes trabajar, también tienes que estar guapa, también tener una familia, mantener el mismo número de horas en tu empresa…Por tanto es una competencia muy desleal, es un reto que tenemos. Nosotras sabemos que, incluso en este momento, tres mujeres en el escenario dicen mucho aunque no lo digamos con la palabra. The Funambulistas no habla de cosas que les pasan a mujeres, no. Habla de todo lo que le puede ocurrir a cualquier ser humano, pero somos tres mujeres arriba en el escenario. Por tanto, directamente es muy significativo.

MO: También es muy significativo esos tres tipos de mujer, tan diferentes. Hay una clara apuesta por la diferencia entre nosotras tres, y eso es muy interesante, porque de forma muy sutil pero peligrosa se está intentando implantar un único modelo de mujer que a mí con el que nosotras no estamos en absoluto de acuerdo. Para nosotras es muy normal ser músicas, cantar, pero mujeres, artistas, gestoras, productoras, modernas, madres, no madres… Tenemos todos los ingredientes posibles para llamar la atención. La balanza sigue sin estar equilibrada entre hombres y mujeres en el siglo XXI. Siempre es más fácil en el otro lado, aunque por parte de algunos hombres, muchos amigos, va siendo una demanda cada vez más amplia que esto tiene que ir mejorando.

Este viernes se celebró el Día Internacional contra la Violencia de Género. ¿Os atreveríais a mandar un para todas las mujeres que creen que no hay salida?

MO: Por supuesto. Ayer en Bilbao hablábamos de hecho de un caso terrible que sucedió en Argentina y cómo se intentó manipular esa lucha feminista con el mensaje: “Nadie menos”, como si el problema de la violencia de género estuviera equilibrado también. No es así…

LH: Además, cada situación de violencia, de injusticia, necesita un tratamiento diferente. Existen otras problemáticas y no podemos estar todos en la misma bolsa; simplemente porque no es efectivo. Cómo vamos a transformar si no transformamos cosa por cosa. Lo que tiene que ver con la mujer tiene que ver con el lenguaje, con lo que está en el inconsciente colectivo, que parece que no están pero sí, los clichés. Hay que apuntar, por tanto, a la transformación de todo esto de forma global.

MO: No se puede quedar una en un lado correcto. Ante la violencia de género no se puede quedar uno indiferente porque alimenta cierta impunidad.

Sois unas verdaderas cracks. Me emocionasteis cuando vine a veros hace unos días. ¿Cómo conseguís esas coreografías tan naturales (posturalmente casi imposibles) acompañadas cada una de vuestro instrumento?

LH: Nuestro director nos ayudó a cambiar. “Rompe los conceptos, las limitaciones de tu mente…”. Yo tuve que romper con todos los límites mentales y tocar el contrabajo desde todas las formas posibles que podían parecer imposibles al principio. La búsqueda consistió en probar a hacer todo lo que mi cuerpo puede hacer.

MO: También es muy importante ese trabajo de aceptar cómo eres, cómo tu gesto, tu cuerpo es único, tuyo y construir un lenguaje postural interesante. El problema es cuando uno tiene inconscientemente una sensación de que lo suyo no vale y entonces intenta copiar. No funcionaría. En el fondo, en nuestro espectáculo hay mucha naturalidad en lo que cada una hace.

LH: Nuestro objetivo también es potenciar todo lo que una hacía de forma intuitiva. Yo por ejemplo siempre toqué de pie el contrabajo y en una orquesta no me dejaron entrar porque tenía que sentarme en la banqueta y me negué… Al tocar de pie tienes una postura y el cuerpo te pide bailar, yo siempre bailé mucho. Y yo me di cuenta de que eso lo podíamos incorporar al espectáculo, y agrandar y llegar al extremo hasta el máximo.

MO: Luego llega un momento en el que uno empieza a jugar, donde uno adquiere cierta soltura y te diviertes, y en ese divertirse salen las cosas.

Música, danza, cuerpos, lágrimas y risa. ¿Son elementos universales para superar casi cualquier problema?

MO: Yo creo que hay una raíz esencial que sí. Hay una cosa muy hermosa que es el espejo entre la realidad y lo que plasmamos encima de las tablas. En nuestro siguiente espectáculo vamos a volver a rebuscar en nuestros problemas personales para darle forma teatral. A lo largo de estos cuatro años hemos pasado por situaciones muy complejas las tres y siempre hay algo de nuestra función que se puede aplicar a todo: apóyate en los demás, espera, que puedes superarlo con ayuda de tus amigos. Y se puede aplicar a un despido, al hecho de haber roto con tu pareja, o un duelo de la muerte de alguien querido.

LH: Nosotras hemos creado esta realidad. Y además solas solas, mujeres, sin un duro. Y, sin embargo, registramos nuestro propio sello ‘The FunamViolistas’. Esto te da mucho poder. Esto ya existe porque la idea ya se ha manifestado y se ha plasmado en forma de espectáculo. Cada vez que seguimos creciendo nos encontramos con nuevos problemas a trabajar.

¿Por qué la banda sonora de ‘Deseando Amar’? Por la estética de las películas de cine mudo…

Sarai Pintado: La primera vez me sorprendió mucho y todavía ahora me sigue sorprendiendo. Los gestos, la luz, lo que ocurre entre ellas hacen que no pierdas en ningún momento lo que está pasando.

MO: Cuando elegimos el repertorio había una lista inmensa, y como somos de no ponerle vallas al campo, pues imagínate… Es muy violento decirle a una compañera: esto no puede ir. Pero no le puedo prohibir a una compañera que no vaya su tema aunque yo no lo vea. ‘Deseando amar’ creo que lo planteó Ana Hernández y era un tema que estaba ahí por otra cosa. Pero lo que sí te puedo asegurar es que el resultado del repertorio es una mezcla de nosotras tres mismas, de Ana, Lila y yo. Una mezcla entre el tango de Lila, que era muy fuerte y nos enseñó a interpretarlo y entenderlo; yo traje un repertorio más actual y más ecléctico, menos clásico, y Ana defendió esa carga clásica, porque viene de la música barroca y ahí está Vivaldi pero funciona con otras cosas. Hay demasiado interés en homogeneizar las cosas cuando lo importante es disfrutar de esas esencias combinándolas. La música está muy pensada para cada acción, por tanto por eso ha quedado tan bien escogida.

LH: La unidad que le da la formación esta. La sonoridad de violín, viola y contrabajo fue un desafío kamikaze a todo. Mi suegra que es arreglista me decía que faltaba una voz, que sólo éramos tres y yo le decía: Bueeeeeno, faltará una voz pero hay que vivir con ello.

MO: Porque hacemos piezas orquestales, piezas que están en la formación de bandas de jazz… Da igual, somos capaces de todo. Les sacamos el máximo partido a los tres instrumentos y así ya conseguimos la cuarta voz que echa de menos la suegra de Lila.

(Risas…)

Muchísimas gracias, chicas. Un verdadero placer conoceros más de cerca. Muchos éxitos.

 

 

A N. y M. que hoy cumplen años.

 

 

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