Solas

“Acércate. Acércate más carajo! ¿Tienes miedo a que te huela? (…) ¿Estamos solos? Pensaba en cosas de antes y… ¿He sido un buen hombre?”

“Sí, aunque me pegaste algunas veces”

¿Que si me porté como un hombre?

“Eso sí, en casa nunca faltó la comida”.

“Te estoy preguntando si he sido un buen hombre, nada más”

“Ojú, no sé lo que me quieres decir!”

“Bah, déjalo, vieja tonta, tú nunca entiendes na’”

Un poco tarde para preguntarte eso, no?

No tendrá la conciencia tranquila. Yo sí la tengo.

En la película Zambrano incorpora la música de un piano que suena a soledad. Solas, el primer largometraje de Benito Zambrano, es una historia de soledades con final feliz. Una madre desdichada, por la costumbre y rutina a la que se ha acostumbrado a vivir, al lado de un hombre violento, padre de una hija alcohólica que se queda embarazada de otro padre más violento todavía.

María (Ana Fernández) busca en su vecino el mismo consuelo que su madre (María Galiana). Un hombre viudo “que se siente solo”, aunque vive con su pastor alemán y es el menos desdichado de todos los personajes que nos presenta el director andaluz.

Sí, soy de esas que pasado un tiempo, vuelve a ver esas películas que le tocaron la fibra sensible, que han quedado almacenadas en un rinconcito para volver a echar mano en cualquier otro momento.

Por eso, después de La voz dormida vuelvo a ver Solas, con la perspectiva del paso del tiempo. 1999-2011. Mismas historias, mismas soledades.

Una María Galiana más brillante que la primera vez, un guión fabuloso, un momento inolvidable: la ducha que le ofrece Galiana a su entrañable vecino.

SINOPSIS

María (Ana Fernández) malvive en un oscuro apartamento de un barrio miserable, trabaja eventualmente como chica de la limpieza y, casi con cuarenta años, descubre que está embarazada de un hombre que no la ama. Su soledad es tan grande que sólo encuentra consuelo en la bebida. Su madre (María Galiana), que ha consumido su vida al lado de un hombre violento e intolerante, no tiene ni siquiera el consuelo de tenerla cerca. Con motivo del ingreso de su marido en un hospital, la madre visita a María en su apartamento y conoce a un vecino viudo (Carlos Álvarez) que vive con su perro. La relación que se establece entre estos tres náufragos alivia sus soledades y deja una puerta abierta a la esperanza.

 

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