Archivos Mensuales: noviembre 2011

Fanny y Alexander

1982. Demasiado rojo, demasiadas lámparas de cristal y alfombras majestuosas. Sin embargo… una película brillante, como casi todas las que dirigió Bergman. Un escenario elemental: Suecia, principios del siglo XX. Su narrativa visual, al uso, como en casi todas sus obras, fluye lenta, con un montaje y una secuencia de planos mesurados. Los expertos aseguran que esto lo hace con el fin de lograr “un tiempo suficiente de reflexión entre los espectadores, aun cuando ya estén capturados en la diéresis”.

Todavía recuerdo cuando me acerqué a Bergman, en plena adolescencia, de la mano de mi amigo P. “Empecé a entender mejor a las mujeres”, me comentaba mi gran compañero cinéfilo. Bergman es un experto en mujeres y así lo refleja en sus obras.

Por esta película, concretamente, recibió 13 premios: 4 Oscar y 2 nominaciones; el Globo de Oro a Mejor Película; un premio del Festival de Venecia;  un Premio César a Mejor Película; un Premio Bafta; otro de la Asociación de críticos de Londres; un penúltimo de la Asociación de críticos norteamericanos y, por último, del National Board of Review, el Consejo Nacional de Crítica de Cine.

Ya lo pensaba hace unos años y lo confirmo: hay que ser bueno para mantener al espectador ensimismado con tanto plano corto y tres horas de duración.

Imprescindibles: Sonata de otoño, Fresas Salvajes y Secretos de un matrimonio.

SINOPSIS

En la Suecia de principios del siglo XX, Fanny y Alexander son dos hermanos de 8 y 10 años respectivamente que pertenecen a una familia dedicada al teatro. Cuando muere su padre, la madre vuelve a casarse con un pastor protestante que viene a compartir su vida con ellos. El ambiente cálido y familiar del que disfrutaban hasta entonces cambia radicalmente, ya que el pastor tiene un carácter severo y cruel. El único refugio que tienen los niños es ir a casa de Isak, un comerciante judío amante de su abuela.

Ingman Bergman

Nace en 1918 en Upsala, hijo de un pastor protestante. Se educó en la Universidad de Estocolmo donde estudió literatura e historia del arte antes de empezar como ayudante de producción en la ópera Real de Estocolmo. Se dice de él que inventó un lenguaje cinematográfico nuevo abarcando gran variedad de temas y tonos. Entre los temas más destacados, su fascinación por la mujer. Además del cine, ha participado en más de cien producciones teatrales.

El mundo metafísico de la religión influyó tanto en su niñez como en su adolescencia, su educación estuvo basada en los conceptos luteranos de “pecado, confesión, castigo, perdón y redención”. El ritual del castigo y otras anécdotas de su infancia aparecen escenificadas en una de sus mejores películas,”Fanny & Alexander”, donde Alexander es un niño de 10 años que tiene muchas cosas en común con el pequeño Bergman.

Progresivamente el joven Bergman buscó la forma de encauzar sus propios sentimientos y creencias independizándose cada vez más de los valores paternos a fin de buscar su propia identidad espiritual, pero, a lo largo de su vida, Bergman siempre mantuvo un canal abierto con su infancia. Afortunadamente encontró en el teatro, y luego en el cine, los dos medios más apropiados para expresar su complejo mundo interior y su potencial creativo. No obstante, las imágenes y valores de su niñez que lo seguirían por el resto de su vida y la proximidad con el quehacer de su padre, lo habían sumergido en las cuestiones metafísicas: Dios, el Demonio, la muerte, la vida, el dolor y el amor.

Dos dramaturgos, Henrik Ibsen y, sobre todo, August Strindberg, le influyeron e introdujeron en un mundo donde se manifestaban los grandes temas que tanto lo atraían, cargados de una atmósfera dramática, agobiante y aun desesperanzada, lo que deja una profunda huella en el espíritu del joven Bergman y una marcada influencia en su obra artística.